Amante lesbiano

(Ya hay una novela que se llama "Amante lesbiano".
No la he leído. Pero me robo el término, amigo Sampedro).
Yo soy un amante lesbiano
yo quisiera tener un par de tetas
enormes, deliciosas
para ofrecérselas a la mujer que amo.
Ella y yo
somos dos mujeres juntas en la cama
dos mujeres entrelazadas
como tallos de plantas después de la lluvia
mojadas de rocío y de sexo
de jugos vaginales y de saliva que lubrica agujeros.
Yo soy un amante lesbiano
que busca caricias y gemidos entrecortados.
Lame mis tetillas
lame por debajo de mis bolas
allí en esa tierra de nadie
que ojalá tuviera una abertura.
Lame, que yo también quiero lamer
tus pies, tu muslo
y el borde de tu entrepierna
para luego huir de allí
malvada malvado
hacia tu panza de mujer vivida
hacia tu ombligo
hacia tus senos
hacia tu cuello.
Quiero que te des la vuelta
quiero frotarme contra tu espalda
besar tu nuca
bajar por tu columna
desesperarme entre tus nalgas
lamer tu culo
y entonces
abrirte por completo
y encontrar el pez que salta sobre la borda
falto de oxígeno, agónico.
Le daré respiración boca a boca
lo volveré a la vida
le sacaré toda el agua que lleva por dentro
y después
después le asestaré un golpe de muerte
con mi remo
mi remo ya no tan lesbiano
inclemente.
Mi remo
pérdido entre la bruma
de un mar lesbiano que de pronto enfurece
y se hace salvaje
asesino y andrógino.
Porque los amantes lesbianos
también pierden el control.
Pero acaso
¿las mujeres que aman a las mujeres
también no lo hacen
no pierden el control
justo allí
al borde del éxtasis?


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