Pornotextos para leer con una mano ocupada.

jueves

Un halago para la sifrina


Y llegaste, así, toda llenando el mundo con tu aura.

Sí, llegaste toda tú, orgullosa de ser sifrinita, como salida de un jet, como recién llegada de París o de Nueva York, toda dueña de tí misma, privilegiada, perfumadita, limpiecita, coqueta.

Toda tú con tus grandes tetas, toda tú con tus piernones y tu culo que Dios te lo guarde, te culo de Ave María y Padre Nuestro, tu culo que para obtenerlo habrá que arrodillarse, habrá que presentar balances de cuentas, habrá que mostrar propiedades, habrá que hablar de dólares y de euros y bajarse los pantalones y mostrar que uno lo tiene de oro con inscrustaciones de diamante.

Pero déjame decirte, ricura, déjame decirte que todo esto es "según tú".

Tú que te crees un paquetico de lujo, una porcelana, un jadró, una delicia, un diamante, una reina. Y no cualquiera te merece, según tú.

Pues, te voy diciendo, mamita, que no es así. Que te equivocas. No eres más que una putica que está rica, que está buena, que tiene sendas tetas, sendas piernas, sendo culo.

No eres, mi niña, más que una carita bonita con unos cuantos huecos ricos que provoca traspasar y romper a trancazos de guevo. Que lo provoca es darte, darte duro, maltratarte, hacerte sangrar para que no seas pendeja.

Lo que provoca, mi bichita, es echarte un cogida salvaje, una cogida de la que tengan noticia hasta en el Infierno, y entonces vengan todos los diablos corriendo a ver qué lo que está pasando. Y así, gozones y malucos, les de a los engendros por meterse en los cuerpos cavernosos de mi guevo, que desde ese momento pasará a ser un guevo poseído, un guevo Linda Blair que gire que se retuerza que se le broten las venas que se ponga tieso y que sólo pueda ser exorcisado por tus nalgas ampliamente abiertas y por tu esfinter anal distendido de una manera tal que no quepa sólo mi guevo poseído, sino las vergas espinosas y epilépticas de todos los demonios.

Sí, mi mami, lamento decírtelo.

No eres la señorita sifrina, blanca y pura.

No, mi mami, eres una mamita rica con dinero. Una mamita rica que nació para el sexo, que nació con un cuerpo que te dominará, con un cuerpo que será tu perdición, con un cuerpo que sí, se venderá caro, pero caro como puta cara.

Ya veo tu final, querida. Sí, al final de los finales terminarás chupándosela a un gordo feo y baboso a cambio de una dosis de cualquier porquería a la que te harás adicta.

Sí, mamita, se la chuparás al gordo feo de la camioneta con cuachos groseros y rines ostentosos, se la chuparás al negro gigante de Petare, al Willijonson que te acabará en la boca y que hará que te tragues su leche a cambio de una vainita.

Sí, mi nena, tú lo que estás es rica, y esto es un halago. El más grande de los halagos del mundo. No que eres bella, celestial, sublime, exquisita, no que te voy a llevar a Marruecos, a París o la Luna.

No, mi nena, tú lo que estás es para echarte una gran cogida, y más nada.

Lo demás, es mentira. Lo demás, que te lo digan los maricones que se quieren casar contigo sólo por disumular.

Mientras tanto, ve chupándomela a mí, a manera de ensayo.

Así, ajá, así...

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